ahí

Carlos Edmundo de Ory se acuerda de un verso del poeta Arcadio Pardo que dice: “¿Dónde puedo hallar la huella de tu aquí?” Y comenta: “Ahora bien, el lugar fijado por este adverbio sería funesto en los brazos de la Muerte, la tumba, la fosa. AQUÍ YACE. Ci-gît.”

En cambio, el lugar del adverbio ahí queda siempre y enteramente dentro del perímetro infinito de la vida. No se puede escribir sobre una tumba AHÍ YACE.

Como se ha observado en muchas ocasiones, mientras que las culturas premodernas solían tener su centro de gravedad en el pasado, la cultura moderna lo ha puesto en el futuro (vinculando muchas ilusiones y no poco autoengaño con la noción de progreso). Pero en ambos casos lo que se escurre entre las manos es el agua preciosa del presente, la plena atención a la riqueza de lo que llamo el ahí.

Un teólogo cristiano del siglo XI, Simeón el Nuevo, decía que quien espere la vida eterna para después y no la viva ahora sufrirá un gran desengaño. Witttgenstein anotó en uno de sus diarios que “uno vive eternamente cuando vive en el presente”. Y John Berger recuerda que Spinoza decía: cuando nuestras respuestas a la vida son verdaderas, en ese momento palpamos la eternidad. En una entrevista de finales de 2005, el poeta y novelista reflexionaba:

“Durante los últimos dos siglos el pensamiento filosófico y político ha sido dominado por la idea de que el progreso encontraría soluciones a los problemas más difíciles. (…) El discurso político y filosófico es hoy bastante débil, y el esquema se ha roto. No quiere esto decir que no exista el progreso, ni siquiera quiere decir que el progreso no procure soluciones, pero lo cierto es que el esquema se ha roto. Antes la gente vivía, moría, sobrevivía, tenía un sentido y carecía de promesas de soluciones… Debemos atender la sugerencia de Spinoza: en lugar de vivir para programar una solución, debemos vivir adecuadamente con lo que tengamos, con lo que recibamos para vivir. Y cuando digo adecuadamente me refiero a una vida llena de respeto a las prioridades vitales y de respeto hacia la esperanza. Si viviéramos así, respondiendo adecuadamente a la situación en la que estemos, en grupo o en soledad, estaríamos rozando lo eterno… Estos momentos históricos de lo eterno son bucles del tiempo. (…) Un ejemplo de organización política que refleja esta idea es el movimiento zapatista, en México.”

 

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