un golpe contra el cristal

Un golpe contra el cristal de mi despacho en Cantoblanco, en el segundo piso de la Facultad de Filosofía y Letras. Bajo a la calle, pensando que encontraré el cuerpecito de un pájaro inerte. No es así –aunque sí doy con un par de plumas, quizá no relacionadas con el choque que me acaba de hacer volver a la consideración de nuestro ser mortales. ¿Se salvó el animalito, y habrá aprendido para siempre la lección de la transparencia tramposa, o se adelantó un gato que hizo de la desgracia de otro ser vivo su propia fuente de vida?

Que el destino común de los vivientes sea la muerte no quiere decir que no podamos, que no debamos reducir el lugar de Tánatos en nuestro mundo común –comenzando por el no comer animales. El gato no puede dejar de hacerlo, tú sí que puedes.

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