no forzar las cosas

Comunicar macho y hembra, izquierda con derecha (los dos hemisferios del cerebro, por ejemplo), yin y yang: ésa es la idea del dao. Los vasos comunicantes.

“Todos nosotros podemos estar tan situados y enraizados como un sauce junto al río –y al mismo tiempo ser tan fluidos y libres en la vida del planeta entero como el agua que, dentro del ciclo hídrico, pasa a través de todas las formas y posiciones aproximadamente cada dos millones de años.”[1]

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“Toda identidad es también horrible, porque para existir tiene que trazar una divisoria y rechazar a quien está en la otra parte. (…) Hay quien sabe estar atento a los valores del lugar permaneciendo inmune a esa visceralidad municipal que hoy en día vuelve a menudo tan obtuso y retrógrado el redescubrimiento de las identidades y de las etnias, en toda Italia o más bien en Europa, y también en Friuli igual que en Trieste, muchas veces sofocados por la friulanidad y la triestinidad.”[2]

Identidad, para Edward Said: un conjunto de corrientes que fluyen, no un lugar fijo ni una colección estable de objetos. Ah, si escucháramos de verdad lo que dicen los sonidos del agua…

“Soy español de Asia”, escribió Juan Ramón Jiménez[3], y está muy bien visto. Pero enseguida piensa uno: con mayor razón todavía, soy español de África, y soy desde luego español de América. En definitiva, aspiro a ser universal.

“El amor de Thoreau por su país siempre está matizado por un sentimiento cosmopolita de pertenencia a algo más grande y universal. Por ejemplo, se enorgullecía de ser nativo de Concord, pero también escribió en su diario la siguiente admonición: Sé nativo del universo. Yo amo a Concord, pero también me alegro cuando descubro, en lejanas selvas y océanos, materiales con los que podrían hacerse un millón de Concords[4].

(Ser poeta local.) Espléndida la contestación que dio Pablo Neruda en cierta ocasión, durante una entrevista: “poeta local de Chile y provincial de América Latina”.

Estar al margen no debe confundirse –en absoluto— con ser marginal. Ay de las lenguas (francés, inglés, alemán) que no diferencian entre ser y estar…

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Ahimsa, el primer precepto de la ética budista: causa el menor daño posible.

(Yo añadiría, como consejo para occidentales: y no lleves piedras en los bolsillos.)

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Minimizar el sufrimiento de todos los seres sufrientes. Ahí, la palabra del filósofo podría ser: “vana es la palabra que no remedia algún sufrimiento del hombre” [5].

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No forzar las cosas (ni en la vida personal, ni en las relaciones sociales, ni en la biosfera) es probablemente la esencia de lo que podríamos llamar sabiduría. Lo sé por mí mismo; pero hoy, además, hallo una verificación leyendo la introducción de Yoel Hoffmann a los Poemas japoneses a la muerte:

“Cuando el mundo se conduce de acuerdo con su naturaleza, dicen los sabios taoístas [Lao Zi y Chuan Zi], todo halla espontáneamente su lugar. Pero si forzamos los principios por los que se rige, interferimos en su desarrollo natural. (…) Los taoístas definen la conducta correcta como la ‘no acción’ (en chino, wu wei; en japonés, mui), lo cual no significa ‘quédate quieto y no hagas nada’, sino una acción que no interfiera en los procesos naturales, una acción tan natural como el crecimiento de los girasoles.”[6]

Ahora bien, esto no significa en modo alguno indiferencia ante el mal social: “para dar de comer a los pobres hay que vender los templos y las escrituras sagradas”[7], decía el erudito budista Tetsugen Doko, que vivió en el Japón del siglo XVII. Y su contemporáneo Gudo Toshoku: “La enseñanza de Buda es muy sencilla: si tienes hambre, come arroz; si tienes sed, bebe té; cuando haga frío, abrígate”[8]. Lo que me interesa destacar aquí es que se da por supuesto un mundo donde las necesidades básicas de todos y todas pueden ser satisfechas; donde hay arroz para saciar el hambre, acto en el cual comienza ya, para quienes buscan, una aventura espiritual.

En este sentido, no nos engañemos, la sabiduría de Buda es anticapitalista.

[Jorge Riechmann, Una morada en el aire, Libros del Viejo Topo, Barcelona 2003, p. 38-41. Este “diario de trabajo” va del 18 de agosto de 2002 al 18 de agosto de 2003.]


[1] Gary Snyder, A Place in Space, Counterpoints, Washington D.C. 1995, p. 81.

[2] Claudio Magris, Microcosmos, Anagrama, Barcelona 1999, p. 51 y 52.

[3] Juan Ramón Jiménez, Ideolojía (ed. de Antonio Sánchez Romeralo), Anthropos, Barcelona 1990, p. 299.

[4] Antonio Casado: La desobediencia civil a partir de Thoreau, Gakoa, San Sebastián 2002, p. 60.

[5] Epicuro: Ética, ed. de Carlos Carcía Gual y Eduardo Acosta, Barral, Barcelona 1974, p. 143.

[6] Poemas japoneses a la muerte, antología de Yoel Hoffmann, traducción de Eduardo Moga, DVD, Barcelona 2000, p. 63. La traducción del título no me satisface: sería más bien Poemas japoneses ante la muerte, o de bien morir.

[7] Poemas japoneses a la muerte, op. cit., p. 105.

[8] Poemas japoneses a la muerte, op. cit., p. 90.


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