ejercicios espirituales

Mírate a ti mismo como un gran caimán, cuyos coletazos podrían partir el espinazo a un tapir; y mírate también como un chimpancé aterido, soportando el aguacero torrencial sin un compañero cerca. Así, quizás, conseguirás llegar a verte –en un tercer momento– como un ser humano.

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