vivir no es negociar en un mercado, sino buscar la piedra filosofal

Quien camina como es debido no llega nunca pronto ni tarde a ningún sitio: siempre en el momento justo.

En el parágrafo 29 de “Poesía practicable”[1], escrito en agosto de 1988, narro cómo pasé de largo ante el naipe caído boca abajo en cierto lugar del parque del Retiro, sin ceder a la breve tentación de darle la vuelta. Eran los años en que yo podía escribir “odio la magia” e identificarla con un estado de sonambulismo.

Hoy, 21 de agosto de 2002, tres lustros después, vi el naipe en la calle madrileña, y reconocí la ocasión y sin dudarlo le di la vuelta: era el dos de oros. Uno diría que se ha cumplido un ciclo completo de la espiral.

***

Para mí, otra piedra de toque es Juan Ramón Jiménez. He pasado de la incomodidad y la impaciencia con que lo leía en la segunda mitad de los ochenta –plasmada, por ejemplo, en el poema A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, ABSORTO EN NEW YOK de Cuaderno de Berlín— a la admiración entusiasta con que, estos últimos años, me he enfrentado a La estación total o los cuatro libros agrupados en Lírica de una Atlántida.

El Juan Ramón que escribía: “Ya no sirve esta voz ni esta mirada./ No nos basta esta forma. Hay que salir/ y ser en otro ser el otro ser…”[2] Tres versos de alteridad, heterogeneizadores, que quiero dejar cerca de estos de Antonio Machado: “Mas busca en tu espejo al otro,/ al otro que va contigo.”[3]

(Machado sube bastantes peldaños; Juan Ramón la escalera entera.)

***

Lo más importante que habría que intentar transmitir a los jóvenes: vivir no es negociar en un mercado, sino buscar la piedra filosofal, el lapis philosophorum de los alquimistas. (Ese imposible que, como sabía René Char, no alcanzamos, pero nos sirve de linterna.)

Las tres principales fuentes de aprendizaje son: (a) lo que nos pasa, (b) nuestros sueños y (c) los dichos y versos de los grandes poetas. Todo lo demás (libros, universidades, internetes, etc) viene a continuación.

(Contra la lectura rápida.) Si vale la pena leer algo, entonces vale la pena volver sobre ello, subrayar, anotar, extractar, releer, meditar. Y si no es así, entonces no pierdas tiempo, hay que leer otra cosa.

(Contra la comida rápida.) Ahorra tiempo de vida: pero ¿a quién le interesa eso, salvo a la muerte? 

 [Jorge Riechmann, Una morada en el aire, Libros del Viejo Topo, Barcelona 2003, p. 14-15. Este “diario de trabajo” va del 18 de agosto de 2002 al 18 de agosto de 2003.]


[1] Jorge Riechmann, Poesía practicable, Hiperión 1990, p. 32.

[2] Juan Ramón Jiménez, LA OTRA FORMA, en La estación total (JRJ, Libros de poesía, Aguilar, Madrid 1979, p. 1139).

[3] Antonio Machado, PROVERBIOS Y CANTARES, en Poesías, Losada, Buenos Aires 1976, p. 213.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: