“vacare”, vacación, vacío

Tres pisos tenía el edificio donde vivimos aquellos días: pero el ascensor llevaba hasta el noveno.

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“Traemos un burro/ cargado de nada/ que no come hierba/ paja ni cebada/ sólo come huevos/ y tortas sobadas…”[1] Vaya pues por aquí este asnillo cargado de nada, de la enriquecedora, limpia y liberadora nada.

“Vacación deriva de vacare, vacío, y esto es lo que hace resplandecer a la vida verdadera.”[2] El que quiera entender, que entienda.

Mes del dichoso estupor, cuando no se mira el reloj. ¡Bendito agosto!

Nunca hacemos tanto como cuando no hacemos nada, escribe Joaquín Araujo. Añado: y nunca aprovechamos tanto la vida como cuando hacemos eso que se llama perder el tiempo.

Holganza y holgar, etimológicamente, están emparentadas con la respiración, el aliento: folgar, fuelle… Holgar es ponerse en comunicación con el resto del universo.

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Casi no ha terminado uno de aprender a hablar, y ya dice: “me investigué a mí mismo”[3].

 [Jorge Riechmann, Una morada en el aire, Libros del Viejo Topo, Barcelona 2003, p. 13-14. Este “diario de trabajo” va del 18 de agosto de 2002 al 18 de agosto de 2003.]


[1] Marza que cantan los mozos de la montaña cántabra el último día de febrero.

[2] Claudio Magris, “La gran conjura: quieren matar el verano”, Babelia, 24 de agosto de 2002, p. 6. Este artículo de Magris es soberbio –como tantos otros suyos.

[3] Heráclito, fragmento 22 B 101; en Los filósofos presocráticos, ed. de Conrado Eggers Lan y Victoria E. Juliá, Gredos, Madrid 1978, vol. I, p. 392.

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